Momentos

Por: Pablo Centeno Rivera COLUMNISTAS
Para que nosotros podamos entender un poco el estado actual de Puerto Rico, su política y gobierno, debemos recurrir a la historia en tiempos del Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, que dio por finalizada la guerra hispano-estadounidense. De acuerdo con dicho documento Filipinas fue oficialmente entregada a los Estados Unidos por veinte millones de dólares, y Guam, junto con Puerto Rico, se convirtieron en propiedades estadounidenses. Desde entonces, luego de Puerto Rico ser vendido como botín de guerra, durante los pasados 122 años hemos sido propiedad de Estados Unidos con muy pocas oportunidades de expresar nuestro apoyo o desaprobación a una relación que fue impuesta por la fuerza de las armas y del poder.
El interés de Estados Unidos por Puerto Rico se basó en su posición geográfica, en términos militares, para proteger el canal de Panamá, punto estratégico en el Caribe, y su dominio como imperio en expansión. Es bueno señalar que un año antes de la invasión España había concedido a Puerto Rico la Carta Autonómica (1897) que autorizaba la formación de un gobierno de carácter autonómico. Todos estos “momentos” marcan nuestra historia y reflejan la trayectoria de nuestro pueblo hasta estos nuevos tiempos de indefinición, de luchas y sacrificios, tratando de alcanzar mejores condiciones políticas y sociales. Si bien hemos logrado avances en el terreno del desarrollo de infraestructura, educación, salud o economía; el estar bajo el poder de otra nación por la fuerza militar no permite estructurar modelos económicos propios y permanentes.
Otro momento importante en la historia de nuestro pueblo fue la Constitución del Estado Libre Asociado en 1952. Este estatuto estuvo estudiándose por varios años, hubo que crear una Asamblea Constituyente, llevar los acuerdos ante la aprobación de nuestro pueblo, ir hasta el Congreso y finalmente ser aprobado por ambos pueblos, Estados Unidos y Puerto Rico. Habiéndose establecido el Estado Libre Asociado Puerto Rico fue creciendo en términos de desarrollo económico, salud, educación, industria, etc. A cambio Estados Unidos fue militarizando el país con bases en Aguadilla, Ceiba y otros municipios, prácticas en Vieques; con muy poca resistencia dentro del pueblo que veía, en el crecimiento económico, una ventaja envidiable sobre los demás países en el Caribe. ¡Aquellos buenos tiempos no se aprovecharon!
Pasa el tiempo, vienen otros momentos, Estados Unidos empieza a darse cuenta que Puerto Rico ha dejado de ser importante para sus propósitos militares. Los enfoques expansionistas e intereses económicos se mudan hacia los grandes productores de petróleo, la competencia con China, y otras economías en el Medio Oriente y Europa. Cierran las bases militares, se elimina la Sección 936 base de los empleos y punta de lanza de la economía de Puerto Rico. Se cae la economía, vamos a la quiebra, llega Donald Trump al poder, el pueblo destrona el gobierno de Ricky Rosselló, nos ataca el huracán María, los terremotos y una pandemia. Para completar, la crisis, la Gobernadora incidental Wanda Vázquez decide ingresar al ruedo político y se forma la de Troya, la tormenta perfecta. Momentos, para volver al Tratado de Paris y renegociar acuerdos.

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